Juego de Palabras Por Ricki Chavez-Munoz

Con un poco de preocupación hemos venido reportando la baja en ingresos de los casinos y juegos de azar en Panamá durante los últimos años. Sin embargo, esto ya se anticipaba con anterioridad a la aprobación de la legislación para imponer impuestos a los jugadores en casinos bingos y salas de tragamonedas al cambiar fichas en la caja al fin de su sesión de juegos, sin importar si hayan ganado o perdido en tal sesión.
Ciertamente, la gran mayoría del público jugador pierde en los casinos, y cuando el gobierno impone un cargo tributario adicional, el agrio sabor por la merma financiera de la pérdida durante el juego, se convierte en desagradable experiencia por el cobro adicional.
Al tratar tributos directos al público apostador legisladores golondrinos o funcionarios inexpertos no consideran que la experiencia del juego conlleva un anticipo de buenos augurios relacionados directamente con el ánimo de buenas expectativas del apostador. No existe un apostador que lo hace para perder, especialmente por el juego político viciado y sin sentido de las autoridades.
Sin embargo, la pérdida es producto real en la mayoría de las situaciones de apuestas que se convierten en instantes de decepción pero que afectan poco a la experiencia total del jugador, pero cuando se impone un tributo adicional que no conlleva expectativas positivas a tal experiencia, el jugador va a pensarlo dos veces antes de jugarse algo.
El reporte de la Junta de Control de Juegos (JCJ) de Panamá, con mermas de cientos de millones en ingresos desde la imposición del impuesto del 5,5% a los jugadores por el cambio de fichas al final de su sesión de juegos confirma la preocupación de los operadores del sector, quienes no solamente anticipaban esta situación, sino hicieron todo lo posible por disuadir al gobierno de turno para no entrar a un terreno de irreparable pérdida.

El reporte del diario Panamá América, dice que, “De acuerdo con el presidente de la Asociación de Administradores de Juegos de Azar de Panamá (Asaja), Antonio Alfaro, se tiene a los casinos como la fuente de dinero para todo lo que se le ocurra hacer a un Gobierno, quitándole la capacidad de promoverse, buscar clientes, situación que empeoró con el 5,5%, motivo por el cual los extranjeros ya no juegan en Panamá como antes. ‘Están matando a la industria que es propiedad del Estado y cuando los operadores ya no puedan seguir más, qué hará el Estado con eso’.
La industria de juegos de azar en Panamá, que antes atraía a turistas de diferentes países, se desplomó en los últimos años, pasando de contabilizar US$324 millones en apuestas en el 2012, a solo US$114 millones en el 2019, una pérdida real de US$220 millones.
Para la secretaria ejecutiva de la Asociación Panameña de Operadores de Juegos de Azar (Apojuegos), Yelitza Amador, es imperativo que la JCJ tome las medidas cuanto antes para eliminar el impuesto del 5,5%, en primera instancia, para las mesas de juego.
Apojuegos, conformada por 18 empresas que tienen el 75% del mercado de máquinas tragamonedas Tipo C, Tipo A, casinos completos, apuestas deportivas y proveedores, conjuntamente con la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), consideran que eliminando ese equivocado 5,5% se podría recuperar, a esos extranjeros que jugaban en los casinos, ocupaban noches de hotel y generaban movimiento en la economía.
El efecto multiplicador de tal tributo también ha generado la pérdida de más de 4.000 plazas de trabajo, el cierre de salas y casinos, la paralización de la inversión, así como el recorte de gasto, impacto que se extiende a los socios comerciales (mantenimiento, vendedores de insumos, proveedores, etc).
El reporte concluye: “El sector de juegos de suerte y azar panameño traía un crecimiento sostenido entre un 6% y un 9%, hasta el 2014. La industria tenía ingresos brutos de aproximadamente unos US$434,6 millones (antes de gastos) para el 2014, sin embargo, para el cierre del 2019 se obtuvieron U$S 376,3 millones”.














